(...) Supo desde entonces que las miradas son como una carga que te aplasta por el suelo, o como besos que te absorben la fuerza; que las arrugas que surcan el rostro han sido grabadas por el estilete de las miradas".
La Inmortalidad, Milan Kundera
Nunca dejé de hacer malabares con el tiempo,
y aún mirándolo con ojos amenazantes,
jamás conseguí que los instantes
fueran, uno tras otro, desapareciendo.
He lidiado tanto con el desasosiego,
en él me he visto tan envuelto,
que ni los guiños de un tal cupido
ni las palabras hartas de consuelo
hicieron que viera medio lleno
el vaso que siempre creí medio vacío.
***
La muerte es más aburrida de lo que esperaba;
su misticismo se ha convertido en decepción
y poco o nada tiene de esa esencia romántica
que siempre deambuló en mi imaginación.
. Quizás pensé que sería menos banal,
que debía revestirse de sensaciones mágicas.
Soñé que la pluma con la que escribía el final
matizaba, con colores, la escena más trágica.
***
Pero, amigos, nada más alejado de la realidad.
El final es tan triste como la vida misma,
como la obra que nunca supe interpretar
a pesar de haber sido su actor protagonista.
Estas deben ser mis últimas palabras
y una amarga pena me aflige el corazón;
No por lo irrecuperable de mi existencia,
más bien por no haberle hallado, a esta,
la más mínima explicación.
“El trabajo me cansa y el mar se rebela a mis obstinados intentos por comprenderlo. No me había imaginado lo difícil que podía ser estar delante de él. Y vago, dando vueltas con mis instrumentos y mis cuadernos, sin hallar el principio de lo que busco, la entrada a una respuesta cualquiera. ¿Dónde empieza el final del mar? O más aún: ¿a qué nos referimos cuando decimos mar? ¿Nos referimos al inmenso monstruo capaz de devorar cualquier cosa o a esa ola que espuma en torno a nuestros pies? ¿Al agua que te cabe en el cuenco de la mano o al abismo que nadie puede ver? ¿Lo decimos todo con una sola palabra o con una sola palabra lo ocultamos todo? Estoy aquí, a un paso del mar, y ni siquiera soy capaz de comprender dónde está él. El mar. El mar.”"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben- un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda todos los días para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."
Tocaré para los sordos
y escribiré para los ciegos.
Recitaré mis versos
a aquellos que nunca sintieron.
Me atormentaré en la calma
y amaré en silencio,
castigaré mi alma
con mis propios pensamientos.
***
Soñaré solamente pesadillas,
y perderé, de nuevo, mi tiempo
construyendo relojes sin manecillas
y esparciendo súplicas en el viento.
Moriré con un nudo en la garganta,
y tan pobre como el que sólo tuvo dinero.
Que las lágrimas acaben en venganza
expresando el desprecio que genero.
***
Me torturaré durante noches enteras y días,
aunque ni la mitad sea de cuanto merezco.
Me arrastaré hasta que sangren mis rodillas
todo por olvidar que fui, sin quererlo,
el más ruin y perverso.
Aquél día me dijeron que una persona a la que no conocía guardaría sus óvulos en mi nevera. Se trataba de la amiga de uno de mis compañeros de piso que, ante las discrepancias que aparecían cada vez que planteaba el tema de la donación a sus padres, decidió darles cobijo en nuestro aparato frigorífico.
Aunque el debate podría girar en torno a la decisión de la madre, a la moralidad de tal o cual acción, etc. creo que la verdadera cuestión es conocer que pasó realmente en el interior de la nevera. ¿Cómo aceptarían los habitantes de este gélido ecosistema la llegada de un espécimen tan extraño, tan dispar, tan exótico?
Se trataba de un caso paradigmático en la realidad de las bajas temperaturas: los habitantes de la nevera, que desde los siglos de los siglos (la concepción temporal que tienen los alimentos es proporcional a la duración de su ciclo vital) se habían visto obligados a sobrevivir bajo las leyes dictatoriales de las temperaturas, obligados a permanecer en aquella cárcel de hielo para contrarrestar los efectos del calor, veían la oportunidad de vengarse de su propio destino. Por primera vez era un ser humano (o un proto-humano, o un pre-humano, o una pieza fundamental para crear un humano, vaya) el que dependía de estas condiciones para esquivar la muerte. Y, amigos, los alimentos no difieren tanto, como se piensa, de las personas. Al menos pudieron constatarse ciertos comportamientos más relacionados con los actuales homo-sapiens-sapiens que con las hortalizas o las bebidas isotónicas. Las que gestionaron la aplicación de la justicia eterna a aquella nueva pre-criatura, fueron las cebollas. Como todo el mundo sabe, son el único alimento con la capacidad de herir los sentimientos humanos, por lo que fueron las encargadas de vapulear, en forma de bulling, a los nuevos intrusos.
Por suerte para Ramón, que así se llamaría el hijo de la amiga de mi compañero, sólo tuvo que relacionarse con mis alimentos unos cuantos días. La pre-vida no es fácil cuando ha de compartirse con vegetales, con latas de atún, cervezas y botes de mayonesa. Tampoco los filetes de cerdo son agradables, y mucho menos el queso tierno y los yogures. El pobre pre-Ramón tuvo que pagar por las rígidas y autoritarias leyes que durante años había impuesto el dios-hombre al mundo del sustento.
Actualmente, la familia de Ramón esta invirtiendo gran parte de sus ganancias en la investigación y el tratamiento de una extraña dolencia que ataca al aparto digestivo de su hijo. Tras varias pruebas y tras descartar la celiaquía, han llegado a una conclusión un tanto confusa (no se han hallado antecedentes en ningún familiar cercano): Ramón es alérgico a la cebolla.

Haneke como adjetivo, Haneke como definición. Haneke podría ser casi un concepto, del cual conviene conocer su esencia antes de contemplar su obra. Esta se aleja del retrato de la belleza, de su definición y hasta de su existencia, para mostrar la parte más cruda de la realidad humana. Quizás sea esa la más “real”.
Creo que una de las características más definitorias de su cine es la capacidad para exponer ante los ojos del espectador aquellos hechos y situaciones que nuestra memoria, inteligentemente selectiva, trata de borrar. Por eso su obra es frustrante e hiriente; se trata del reflejo de una realidad que deviene insoportable por momentos.
“71 fragmentos de una cronología al azar” es la segunda parte de su trilogía sobre la violencia en la sociedad actual (El Séptimo Continente i Benny’s Video), lo que vemos claramente reflejado en el manejo de una simbología que se repite durante las tres partes de la obra. Es el caso del tratamiento de la violencia en los medios de comunicación o el hastío creciente de todos y cada uno de los movimientos rutinarios de nuestra existencia. Efectivamente, se trata de pequeños fragmentos que van alternando situaciones y contextos diferentes, que llegan hasta un desenlace que ha sido avanzado al comienzo del film.
A diferencia de “El séptimo continente”, la historia pasa por las manos de varios personajes; la multiplicidad de sus historias permite observar como la enfermedad de la violencia afecta, aunque de maneras dispares, a cualquier miembro o grupo social. Entre los protagonistas hallamos a un deportista, ancianos, niños, padres adoptivos, estudiantes, matrimonios, etc. La clave de mostrar un escenario tan variopinto recae, pienso, en transmitir la sensación de cada uno de los protagonistas tiene motivos suficientes para llevar a cabo la masacre con la que nos encontramos al principio y final del film.
Como digo, Haneke ha decidido conceder a la simbología un papel relevante, tanto la que aparece en la película en cuestión como la que da verosimilitud a la saga. La indiferencia ante los dramas diarios que resaltan los informativos de TV, los planos al detalle de los movimientos acostumbrados e inertes, la cruz de papel, la furia ante los avances informáticos…Son detalles que personalizan el cine del director y que pasaran a formar parte de lo que, más adelante (no hay que olvidar que se trata de su segundo largometraje), definirá su sello.
La vida no tiene ningún sentido, pero nos vemos abocados a ella; Inconscientemente, llenamos nuestro tiempo con absurdidades que tiñen de lógica toda aquello que nos rodea, creando un orden totalmente frágil que sustenta a los individuos que comparten con nosotros la realidad. Creo que Haneke se empeña en mostrarnos precisamente esa fragilidad, esa vulnerabilidad del individuo ante los múltiples interrogantes que definen la existencia. Quizás es esta una de las razones por las cuales el cine del director Austríaco no deja indiferente. Es difícil permanecer insensible ante la exposición de las propias miserias.
“Nací en Cambridge, y creo que sigo siendo muy inglés. La gente suele decir que los ingleses han desarrollado sus cualidades de sangre fría y de reserva, y también una manera de enfrentarse con humor a los acontecimientos de la vida, incluidos los más trágicos. Es bastante cierto, y una completa estupidez por su parte. El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actividad humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.”
Las partículas elmentales, Michel Houellebecq